Gatos: ¿Son Realmente tan Independientes?
Todos solemos pensar que a los gatos les encanta estar solos, pero seamos realistas, no siempre es así. Claro, no necesitan atención constante como los cachorros, pero aun así necesitan cariño y un poco de autonomía de vez en cuando.
Piénsalo: los gatos salvajes suelen unirse en grupos para protegerse, y nuestros gatos domésticos aún conservan algo de ese instinto de equipo. Puede que ya no pidan caricias todo el día, pero si las dejan sintiéndose excluidas durante demasiado tiempo, empezarán a sentirse solos.
Señales de que tu gato podría estar solo o triste
Presta atención a estos pequeños cambios de comportamiento: son la forma en que tu gato te dice que algo anda mal:
Cambios en la alimentación: Omitir alimentos por completo o comer mucho más de lo habitual. En la mayoría de los casos, esto es una señal de que están estresados.
Problemas para orinar: Si empiezan a orinar fuera de la caja de arena, no esperes que se trate simplemente de mal comportamiento. Debería ser estrés o tristeza, pero siempre consulta primero con un veterinario para descartar cualquier problema de salud.
Hábitos destructivos: ¿Arañan el sofá o las paredes mucho más de lo normal? Probablemente sea porque están expresando su frustración.
Comportamiento excesivamente dependiente: ¿Te siguen de una habitación a otra o maúllan sin parar cuando te vas? Puede que se sientan inseguros.
Se esconden: Si se alejan de ti o de otras mascotas de repente, es una gran señal de alerta: los gatos no se aíslan sin motivo.
Acicalamiento obsesivo: ¿Se lamen un punto una y otra vez hasta que se queda sin pelo? Casi siempre es una señal de ansiedad.
Cómo ayudar a tu gato a sentirse más feliz
No necesitas algo sofisticado; pequeños esfuerzos constantes dan grandes frutos:
Dedícale tiempo a diario para jugar: Incluso 15 o 30 minutos al día marcan la diferencia. Coge sus juguetes favoritos (plumas o punteros láser suelen funcionar) y déjalos que se lancen. No solo es divertido, sino que se sienten queridos y apreciados.
Dales juguetes bonitos: Comederos de rompecabezas o pelotas que puedan golpear solos para mantener su mente ocupada mientras estás en el trabajo o haciendo recados. Se acabaron los gatitos aburridos (y gruñones).
Crea un lugar acogedor y seguro: Coloca una cama suave cerca de una ventana para que puedan observar a los pájaros o a los transeúntes; ¡a los gatos les encanta observar a la gente! Échales encima una manta que huela a ti; el aroma familiar los ayudará a sentirse tranquilos.
Prueba con herramientas calmantes: Los difusores enchufables con feromonas felinas (como Feliway) pueden aliviar su estrés. Son sutiles, pero muchos gatos responden muy bien a ellas.
Mantén una rutina: ¡Los gatos odian las sorpresas! Aliméntalos, juega con ellos e incluso limpia su arenero a la misma hora todos los días. Saber qué esperar les ayuda a sentirse seguros.
¿Deberías tener un segundo gato?
Es una idea común, pero solo si tu gato se lleva bien con otros gatos. Algunos gatos son muy hogareños y detestan compartir su espacio, y no hay problema. Si tienes dudas, aquí te mostramos cómo probar:
Acoge primero: Intenta traer un gato pequeño a tu casa durante unas semanas. Observa cómo reacciona: ¿olfatea, juega o bufa? Eso te dirá mucho.
Elige la pareja ideal: Si decides adoptar, elige un gato tranquilo de la misma edad que tu gato adulto. Los gatitos pueden ser demasiado activos para los gatos mayores, lo que podría estresar a todos.
Tómalo con calma: Mantén al nuevo gato en una habitación separada al principio. Cambia su ropa de cama cada pocos días para que se acostumbre a los olores del otro antes de encontrarse cara a cara.
Sabe cuándo parar: Si pelean, se esconden demasiado o se asustan, no lo fuerces. No todos los gatos necesitan un amigo peludo, y eso está bien.
Los gatos no son tan solitarios como los pintamos. Necesitan un poco de tu tiempo y atención cada día para sentirse bien. Presta atención a estos pequeños cambios de comportamiento; son la forma silenciosa que tiene tu gato de decir: "No lo estoy haciendo bien". Si has probado juguetes nuevos, rutinas o incluso un compañero de juego tranquilo y aún así se siente mal, consulta con un veterinario. A veces, un poco de ayuda médica o una charla con un especialista en comportamiento felino es suficiente para que vuelva a ser feliz y ronroneante.
